Acerca de la Revolución de las Conciencias
ACERCA DE LA REVOLUCIÓN DE LAS CONCIENCIAS.
Por: Gabriel Castillo-Herrera.
El pilar sobre el que erige la democracia, como sistema sociopolítico y desde una perspectiva macro, es el regirse por la voluntad de las mayorías. Bien. Sin embargo, desde un enfoque cuyo nivel de abstracción llega al punto de grupo político de discusión, lo que es lo que es una premisa de esencia en el nivel más alto, acá resultaría ser su propio talón de Aquiles. Lo explico.
Uno de los problemas históricos a que se han enfrentado las izquierdas mexicanas de diversos matices que han enarbolado la democracia como estandarte (aunque el problema no es privativo de este país) es que, para dirimir diferendos, recurren al enfoque -que arriba señalamos como macro- para solucionarlos. Tal situación implica una reducción al absurdo, puesto que avalaría –como sucede frecuentemente- el velado reconocimiento de la proclama: “No tenemos la razón, pero somos la mayoría”. Ello ha provocado divisiones y fragmentación de la izquierda. Es una aberración, puesto que el patrimonio histórico de la izquierda es la búsqueda de la verdad, ya que es el instrumento para la transformación de las sociedades humanas; así nació el concepto “izquierda” en la Asamblea Revolucionaria en Francia. Esa izquierda fue heredera de la Ilustración; del triunfo de la ciencia sobre el oscurantismo medieval.
Encontrar la verdad y socializarla (eso es educar) para transformar el mundo es la tarea primaria (y cotidiana, puesto que el mundo cambia), amén de ser la guía para la acción revolucionaria. Por lo demás: el educador también tiene que ser educado.
El Proyecto Alternativo de Nación, documento que marca las directrices del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) encabezado por Andrés Manuel López Obrador, contiene un primer capítulo que se denomina “La Revolución de las Conciencias”. El punto toral de tal apartado –que es el que puede llevarse a efecto sin que se tenga aún el poder gubernamental- es llevar a cabo la tarea de convencer, recalco “convencer”, a la gente, al pueblo, de la NECESIDAD (en el sentido filosófico estricto: lo que TIENE QUE SER, independientemente de que sea bueno, deseable, justo) de un cambio social, económico, político “…para salvar a México” (sic). Ahí y en el resto del Proyecto se dan las razones y posibles formas para llevar a cabo ese cambio que representa, en última instancia, una lucha contra el neoliberalismo y sus catastróficos efectos, y forjar una nueva nación (de ahí el nombre del movimiento).
La tarea del convencimiento, del revolucionar conciencias, se antojará como “idealista”, “utópica”; pero no, es práctica. Es de poner empeño en ella. Es trabajo; eso sí, arduo.
Un filósofo del siglo antepasado develó una verdad: “No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser; por el contrario, es su ser lo que determina su conciencia”.
Desde esa perspectiva, las condiciones actuales a las que ha sometido el capitalismo en su fase regresiva –el neoliberalismo- a las masas: el deterioro de las condiciones de vida –y a la vida misma- de los individuos en su ser material son el mejor caldo de cultivo para llevar a efecto esa revolución de las conciencias.
El sistema económico dominante está diseñado para hacer más ricos a los ricos y hacer más pobres a los pobres. La gente –el pueblo- está siendo afectada en su ser, lo que le hace tener conciencia de que las cosas, de una u otra forma, tienen que cambiar. Así se ha estado manifestando en el mundo árabe, en África, en Chile, en España; y en el mundo desarrollado: en ¡Inglaterra!, y de manera aún no del todo manifiesta: ¡en los Estados Unidos!
La primera conciencia propiciada por la materialidad, por lo que afecta al ser de carne y hueso (digamos que hablo de la pobreza, del hambre, de la falta de empleo), es la que da origen a la inconformidad, misma que da paso a las acciones contestatarias; pero ello no es suficiente, como no lo fue en el movimiento social en Egipto, que desembocó en la instauración de un régimen militar, y como no está sucediendo en España, donde a resultas de la inconformidad contestataria se vislumbra un reacomodo del franquismo. La secuela inmediata de lo contestatario es el cambio revolucionario. Y a eso apunta la propuesta de “la Revolución de las Conciencias” del movimiento lopezobradorista que ha optado por un cambio por la vía pacífica, por la vía electoral en el 2012. Ya el tiempo y las circunstancias se encargarán de validar si tal vía es factible; pero ello, como rezaba un jingle muy conocido en México: “…eso es otra historia”.
La tarea de los comités de MORENA (Movimiento para la Regeneración Nacional) es canalizar esa inconformidad popular (y eso es educar) hacia lo que se plantea como primera solución: votar por una opción diferente –contra el neoliberalismo- a la que ofrecen (si es que ofrecieran alguna) los viejos partidos políticos que sólo se benefician de un caduco sistema electoral que hace prevalecer el sistema. MORENA no es un partido; es, propiamente, un frente popular. Lo siguiente, en caso de ganar las elecciones, sería apuntalar el gobierno que, devenido de un frente popular, derivaría en Estado con la misma característica. Y en esa tónica, estaría enfrentado a los poderes fácticos que hallan su razón de ser en el capitalismo rapaz que a nivel mundial está mostrando signos de decadencia merced a sus contradicciones. Bien entendido lo anterior, el gran problema del país no se termina con el cambio de gobierno. Apenas sería un buen inicio.
De ahí la importancia del punto primero del Proyecto Alternativo de Nación: “La Revolución de las Conciencias”. Aún en el caso de que el cambio por la vía electoral se viera obstruido.
Acerca de una polemica sobre AMLO
ACERCA DE UNA POLÉMICA SOBRE LÓPEZ OBRADOR.
Por: Gabriel Castillo-Herrera.
En días pasados entablaba una álgida –permítaseme usar el término, por la fuerza de la costumbre, aunque el significado de la palabra “álgida” es diametralmente opuesto- polémica por internet con una persona –de la cual no importa el nombre- que se autocalifica como “comunista” y “marxista leninista”.
Mi interlocutor afirmó: “Los marxistas leninistas no tenemos dudas: López Obrador es un instrumento de la burguesía en el poder…”.
En la contundencia de la oración está el problema indisoluble de muchos que se pegan en el pecho la etiqueta de “marxistas leninistas” y distan mucho de serlo. Como no se plantean dudas, hacen de sus juicios –que pertenecen al terreno de la subjetividad- dogmas de fe.
Aunque la realidad –terca como suele ser- ha demostrado –y para ello bastaría hacer un recuento de hechos que enumeré a mi oponente en la discusión, y que son del dominio público, que van desde el desafuero del político mexicano, cuando se desempeñaba como Jefe de Gobierno de la ciudad capital mexicana, hasta estas fechas- que López Obrador es por lo menos (y destaco el “por lo menos”) una “piedra en el zapato” del sistema político mexicano, de las instituciones corruptas, de la pequeña y gran burguesía parasitaria del Estado, mi contrincante internetiano insiste en situar a quien fue candidato a la presidencia en el año 2006 y derrotado –en tribunales- por un señor aprendiz de militar llamado Felipe Calderón, en el estatus de “instrumento de la burguesía en el poder” cuando ésta –en contubernio con los poderes institucionales y fácticos- fue quien impidió el ascenso de López Obrador. Y está documentado.
Pero nuestro “comunista” y “marxista leninista” basa su antilopezobradorismo en argumentos –muy similares a los pregonados por la pequeña burguesía y los señores del gran capital- fincados en el pasado priísta de López Obrador; en que hizo –también en el pasado- un himno al PRI (aunque para crear un himno se requiere ser músico, cosa que el señalado como autor no es; pero, bueno…) y porque “estuvo en el Grupo San Ángel”. Por tales “pecados” lo condena al patíbulo de la Historia.
¡Menuda perla! (Y aquí lo destacable es que tal juicio –o prejuicio- izquierdoso no es exclusivo de mi oponente en a polémica, sino de un sector más o menos amplio que se considera a sí como “progresista”, “de izquierda” o, como el aludido, “marxista leninista”).
Pregunto: ¿acaso mandarían al paredón a Marx y Engels por su pasado hegeliano de izquierda?, ¿por haber sido, uno, judío antes que ateo?; ¿por haber sido, el otro, administrador de los negocios de su familia (un burgués, ¿no?)? ¿Mandarían guillotinar a Lenin por su “falta de radicalismo” antes de las tesis de abril?, ¿por haber sido socialdemócrata antes que comunista?, ¿por haber defendido el capitalismo monopolista de Estado (sin que ello sea interpretado como error) cuando los demás pregonaban a favor del la “economía socialista”? ¿Colgarían del árbol más cercano a Emiliano Zapata por haber sido caballerango de prohombres del porfiriato? ¿A Benito Juárez porque, a pesar de haber minado el poder de la Iglesia Católica, profesaba una fe?
Pero ellos son contundentes; afirman: “…no tenemos dudas”. Sucede que estos señores no entienden que los seres humanos –y por ende su pensar y su actuar- también son susceptibles de procesos dialécticos. Bueno, sólo el pensamiento y el actuar de quienes sí tienen dudas y, para dilucidarlas, para encontrar la verdad, las someten a la crítica. Ello constituye la simiente del pensamiento científico y del pensamiento marxista leninista (desde luego, engelsiano) verdadero.
Quienes a priori dicen: “no tenemos dudas” no hacen sino anclarse, quedarse estáticos, estacionados en dogmas –igual que la Iglesia Católica- aunque se cuelguen gafetes de “marxistas leninistas”, lleven bajo el brazo el Qué hacer (esperando encontrar recetas para la revolución) y se coloquen en la solapa pins con la oz y el martillo.
Y conste que todo lo anterior no es una diatriba contra el marxismo, sólo contra el “marxismo” (así, entre comillas). La esencia del marxismo es buscar las verdades en lo concreto, no en el mundo de las ideas ni cerrando los ojos ante lo que es tangible.
MÉXICO: LA FINCA DEL PASADO.
Por: Gabriel Castillo-Herrera.
La tesis de la que parte mi libro “Bicentenario: Obsesivos Siglos Circulares” es que México es un país anclado en el pasado. Un país cuyas clases poderosas hallan la justificación de eso que llaman “modernidad” en la añoranza por los tiempos idos y la necedad de volver al ayer; se empeñan en vencer a Cronos.
A la luz de ciertas reformas constitucionales -planteadas recientemente e impulsadas por los diputados y senadores de los partidos políticos Acción Nacional (PAN), actualmente y desde algo más de 10 años, en el gobierno, y Revolucionario Institucional (PRI), que fue gobierno alrededor de 70 años- y de dos actos, en apariencia sin importancia, de la administración calderoniana, el lector juzgará la validez de tal tesis.
Las referidas reformas atañen a lo laboral, lo político (o de Estado) y a lo concerniente a la seguridad; los hechos: la visita del jefe de Estado mexicano al Vaticano (con motivo de la canonización del extinto papa Juan Pablo II) y la formación de la Alianza del Pacífico (con Perú, Colombia y Chile).
Acicalemos el párrafo anterior.
México es un país que ha librado tres revoluciones contra ese afán de permanecer atado a lo caduco, a lo obsoleto: la Revolución de Independencia, la de Ayutla y la de 1910. Sus secuelas, promulgación de leyes progresistas contenidas en las constituciones políticas de 1824, 1857 y 1917. El sentido lógico de la palabra “reforma” nos remitiría a la idea de adaptar las leyes a los requerimientos y necesidades de la época, a las actuales. Sin embargo, en México, como referí en alguna parte del texto aludido: “¡Por aquí no pasa la Historia, señores!”. Desde luego, en el entendido de que la Historia no es un recuento de hechos pasados, sino el Hoy (así, con mayúscula) en su concreción dialéctica: el pasado que avala, explica y reconstruye el cada día. Vamos, en tal tenor, por partes:
LA REFORMA LABORAL.
El Artículo 123 emanado del constituyente de 1917 recoge las demandas laborales más significativas heredadas del pensamiento socialista y-de otra parte- nacionalista, puesto que los trabajadores mexicanos sufrían la voracidad de empresarios extranjeros ya que la industria y la minería estaban en poder éstos; los “empresarios” mexicanos eran propiamente latifundistas (a excepción del norte del país, por su contacto con los Estados Unidos). Hoy, la reforma pri-panista pretende liquidar los logros inscritos en la Constitución (jornada de ocho horas, contratación colectiva, derecho a jubilación, etc.) para suplirlas por contratación individual a prueba (misma que puede extenderse por un tiempo determinado al final del cual el trabajador puede ser despedido sin generar derechos de ninguna clase), pago de jornada por hora a precios ridículos y anulación de prestaciones sociales varias (entre ellas, derecho a servicios médicos). Todo ello, en aras –suponen- de la “competitividad”. ¿Competir a qué y con quién? Competir a ver qué país genera más pobreza y el rival a vencer -en el área- sería Haití, mientras que los señores del dinero se ahorran millonadas. Se pretende importar modelos de desarrollo con los que se levantaron naciones que hoy día son imperios; parecería correcto, sin embargo, se intenta hacerlo a destiempo (siglos después) y sin considerar que México, ¡desde la Colonia!, arrastra a una gran parte de su población que repta entre la ignorancia, la miseria, la enfermedad y la muerte en vida, lo que no ocurrió con el “modelito” a seguir –el gringo- porque los inmigrantes que forjaron esa nación anglosajona simplemente exterminaron a los dueños originales de esas tierras (pobres y poco desarrollados) y le arrebataron a nuestra nación territorios prósperos cuya densidad de población era baja y donde no hubo grandes culturas indígenas derrotadas que alimentaran el ejército de la miseria.
Tercos, obcecados, los promotores de las reformas que creen encontrar en un modelo que fue creado en un país nacido hace más de dos siglos y bautizado ya en la pila del librecambismo y arropado con las relaciones de producción capitalistas que le legó su padrino –Inglaterra- una senda para el progreso, cuando que México arribó a tal modo de producción tardíamente y por otra senda muy distinta –la economía dirigida desde el Estado- que le permitió, medianamente, su autodeterminación, alcanzar tazas de crecimiento del 6% y una buena cobertura de bienestar social, derivada de conquistas laborales que, hoy, la iniciativa de reforma pretende derogar. ¿No es eso caminar, correr, hacia el pasado? Y, peor, ajeno.
De forma tan marrullera como pretendía ser aprobada, hoy se encuentra detenida en prevención de que constituya un elemento adverso para las aspiraciones del PRI de retener el poder en el Estado de México al renovarse, en este año, la gubernatura de esa provincia o departamento (como se nombra en otros lares) y para no crearse obstáculos para el año 2012, año en el cual dicho partido político pretende llevar a la Presidencia de la República a Enrique Peña Nieto, benjamín de la familia que ha gobernado durante 40 años –y se ha enriquecido con ello- el Estado de México. El proyecto de reforma de ley fue diseñado, inicialmente, en el seno del PAN; específicamente por el secretario –ministro- del trabajo Javier Lozano, quien –por cierto- se ha autonombrado como el mejor hombre de su partido para ocupar la presidencia el próximo año (desde el triunfo de Vicente Fox y con el relevo calderoniano, cualquier bravucón ignorante se cree que tiene los tamaños para ser presidente). El proyecto, modificado; fue retomado por el PRI; pero, como arriba se dijo, se encuentra detenido –supuestamente- por desacuerdos con el sector obrero del partido; (aunque el movimiento obrero se encuentra controlado por las cúpulas empresariales insertas en los dos partidos –PRI y PAN- y en el mismo seno del gobierno) Mientras, este primero de mayo, en el mundo miles de manifestaciones alzaron su voz en demanda de mejoras salariales. A los economistas gubernamentales no les pasa por las mientes que con sus medidas de restricción salarial y, en sí, del trabajo, aunque creciera la producción bajo un régimen de sobreexplotación de la fuerza de trabajo –lo cual es sólo hipotético- se desalienta el mercado interno. ¿A qué le apuestan? Adelante lo diremos.
REFORMA POLÍTICA.
Dos instituciones vetustas nos legaron a los mexicanos, por doble vía, la idea de la concentración del poder político en unas manos, las de un solo hombre. Por el lado indígena, la figura del huey tlatoani; por el español, la del emperador en cuyos dominios no se ponía nunca el Sol. La primera pugna después de la consumación de la independencia se sostuvo entre imperialistas y republicanos. El triunfo de estos últimos sobre los iturbidistas no obstó para que a través de la historia se sepultara la “tradición” de que hubiera “hombres fuertes” que retuvieran el poder político. Durante el siglo XX, se llevaron a cabo vacilantes e insuficientes reformas para acotar el Poder Ejecutivo y equilibrarlo al Legislativo (y, pretendidamente, al judicial) para acabar con lo que ha dado en llamarse “presidencialismo” o “régimen presidencialista”. Con el ascenso de la izquierda y toma de posiciones en las cámaras, a partir de los años 90, el poder omnímodo del presidente se vio disminuido; sin embargo, no como debiera ser en un régimen de tres poderes.
Lo que pretende la referida reforma –también detenida, por el momento, en tanto pasa el proceso electoral en el Estado de México, como mencionamos- es, en resumen, volver la cara hacia el pasado: dotar al presidente de poderes por encima del Legislativo. Echar la Historia atrás.
REFORMA DE SEGURIDAD NACIONAL.
Con el pretexto de insistir en la fallida lucha con el narco, esta propuesta pretende legalizar la presencia en las calles del ejército y la marina para –supuestamente- garantizar la paz social. Sólo que deja entrever que para sus promotores priístas y el actual gobierno panista (y, desde luego, para los Estados Unidos) los movimientos sociales, inconformes o adversos al statu quo, podrían ser considerados instigadores de la violencia, potenciales enemigos del sistema.
[N.B.: Innumerables veces hemos escrito que el principal instigador de la violencia es el hambre, y el segundo, la pobreza; ninguno de los dos está en las prioridades gubernamentales de Calderón y su séquito de economistas made in Chicago, el ITAM y el Banco de México].
En la coyuntura de la 2ª Guerra Mundial, y para combatir una posible infiltración fascista en México, en el Código Penal de la Federación se tipificó un delito llamado “disolución social”. Al final de la conflagración al gobierno en turno y a los subsecuentes se les “olvidó” derogar los artículos 145 y 145 bis consignados en el Código, situación que derivó en que –no existiendo ya la amenaza de infiltración fascista- fuera el aval para aplastar violentamente cualquier tipo de movilización social; sobre todo, para mantener a raya inconformidades laborales, estudiantiles y, desde luego, al Partido Comunista, a pesar de que este fue el más innocuo de los PC’s en Latinoamérica. Por tanto, no es difícil atribuir al Washington macartista de post guerra y a la paranoia desatada por la Revolución Cubana la presión sobre el gobierno de México para que se omitiera derogar una ley de emergencia coyuntural una vez que ésta cesó al ser derrotadas las potencias del Eje Berlín, Roma, Tokio.
Bajo el imperio de esta ley ominosa se encarceló –en los años 1958 y 1959- a líderes magisteriales y obreros; a los campesinos simplemente se les asesinó; y en 1968 la ley se ocupó de los estudiantiles. Una de las consignas lanzadas durante el Movimiento Estudiantil del 68, inserta en el pliego petitorio presentado al gobierno era la libertad de los presos políticos –que lo eran en función de esa ley- y la derogación de la misma. El conflicto culminó con la masacre de la Plaza de Tlatelolco; pero el gran triunfo póstumo, digamos, del movimiento fue la desaparición en el Código Civil de los artículos citados. No es poco: se quitó al Estado la facultad de reprimir al pueblo amparado en la ley.
No es lo mismo –desde un punto de vista teórico- que un Estado ejerza la fuerza sobre el pueblo o un sector de la sociedad amparado en las leyes -porque ello medianamente lo justifica, ahí adquiere validez la Razón de Estado- que el Estado que lo hace sin el amparo de las leyes; éste simplemente carece de solvencia moral, legal y política; no halla de dónde asirse para sostenerse más que de los militares.
Es por ello que la dictadura –dije bien- calderoniana y la que, pretende, le sucederá (Peña Nieto o, en extremo, él mismo, si obtiene la venia de Salinas de Gortari y los EU’s), busca un aval; una reforma que justifique el detener al costo que sea la oposición política y social que pudiera, potencialmente, alcanzar la Presidencia de la República en el 2012. Con tan poca imaginación como la que le caracteriza, busca en el pasado; ahí se siente a gusto; no sabe más. Dar soporte a una “democracia” muy a lo clásico (igualdad para una clase privilegiada y someter a las mayorías a la esclavitud -como en la vieja Grecia- a punta de garrotazos).
LA VISITA AL VATICANO.
Mientras que en Francia, en 1789, se derrotaba a los viejos poderes (la monarquía, los terratenientes, el clero), en México, en 1821, estas instancias se elevaban como vencedoras (aunque el imperio iturbidista fue fugaz). No fue sino hasta el periodo de la Reforma y la promulgación de la Constitución de 1857 que se limitó el poder clerical, se le confiscaron tierras y se instauró un Estado laico. Maximiliano de Habsburgo, a desdoro del clero mexicano y de los conservadores, confirmó las Leyes de Reforma, mediante las cuales el Estado juarista expropió a la clerecía. Después de la dictadura de poco más d 30 años ejercida por Porfirio Díaz, la revolución triunfante en su mandamiento federal vuelve a proclamar el Estado laico. Pocos años después se suscitó una guerra entre el clero y el gobierno a la que se denominó “Guerra Cristera” atizada por la jerarquía ensotanada y entre cuyas secuelas se encuentra el asesinato del presidente electo (para un segundo periodo) Álvaro Obregón a manos de la hueste católica. Otra secuela es que un sector de estos grupos católicos alimentó una de las corrientes más conservadoras y fanáticas recalcitrantes del actual partido en el gobierno –el PAN, al que pertenece Felipe Calderón- que hoy se conoce como El Yunque.
Pues bien, el hoy beato Juan Pablo II era un hombre que no ignoraba la historia de enfrentamientos entre la Iglesia y el Estado en México. Así que una de sus tareas, aparte de incidir ideológicamente en la lucha contra el comunismo en Europa, era dar fuerza al clero mexicano frente a un Estado laico con el cual no se tenían relaciones diplomáticas. Por ello México se encuentra entre los países más visitados por el fenecido papa: 5 visitas: para abrir brecha.
En la Constitución mexicana prevalece –de jure- la separación entre Iglesia y Estado; pero –de facto- el purpurato mexicano se inmiscuye en política y entra en polémica con representantes gubernamentales de la capital del país –desde hace algunos años dirigida por la izquierda-, lo cual no les está permitido por la legislación mexicana.
Así que Calderón, con su visita al Estado Vaticano, parece continuar la labor interrumpida del hoy canonizado Juan Pablo II: echar abajo el Estado laico y sustituirlo por uno confesional. Sepultar la Reforma y la Constitución de 1917. Ir para atrás en la historia. Parecería anecdótico, pero no lo es: su cercanía con uno de los representantes del Yunque más notorios –Luis Felipe Bravo Mena, quien hasta hace poco fue su secretario particular, embajador de su administración en el Vaticano y personaje central del PAN- lo confirma.
LA ALIANZA DEL PACÍFICO
El nuevo bloque se inscribe en la línea del libre mercado cuando el neoliberalismo va de picada (recordar que el gobierno de Obama ha tenido que intervenir bancos como el Citibank para salvarlo de la debacle, lo que ha provocado el disgusto de los sectores ultraconservadores, mismos que le han endilgado al mandatario norteamericano el epíteto de “socializante”). También, la novel alianza se manifiesta como impulsora de la propiedad privada –prioritariamente, de la de los señores capitalistas extranjeros- puesto que las principales entidades económicas mexicanas que pertenecían al Estado (banca, telecomunicaciones, minas, ingenios azucareros y –hoy, a pesar de que las leyes lo prohíben- el petróleo y la electricidad se han ido entregando al capital privado subrepticiamente mediante legislaciones que contravienen la Carta Magna. Dependencia, y –más aún- obediencia y sojuzgamiento al poderoso imperio del norte; tal como antaño respecto a España y, posteriormente, a Francia. El amo del norte instruye oponer la Alianza del Pacífico (una caricatura de la OTAN, sólo en nomenclatura, porque no es alianza militar, para ello están disponibles las del patrón) al Mercosur para congraciarse con la divinidad oscura de Hillary, Obama y los poderes económico militares a quienes estos últimos deben sus cargos.
Correr en busca del ayer es el sino de las clases pudientes mexicanas. No deja de ser sintomático que la televisora más poderosa del país haya desarrollado superproducciones para transmitir tanto la beatificación de Juan Pablo II como la “boda del siglo” entre un principito inglés y una plebeya; contagiar al pueblo mexicano su estúpida devoción por dos instituciones decadentes ya en franca obsolescencia: la monarquía y la iglesia católica.
En México, peyorativamente, se les llama “gatos” a los sirvientes. “Gatos” criollos deseosos de adquirir prestigio -¿pedigrí?- a base de ronronear a los pies del amo.
En los primeros párrafos indicamos que diríamos cuál es la apuesta de estos “gatos” afincados en el pasado: ponen todo su capital político y económico a convertir la sociedad mexicana a una similar a la colonial: una selecta elite, que retenga privilegios económicos y lujos, que sólo obedece a un soberano extranjero y a la santa iglesia, aunque la mayoría de la población repte en la miseria, a la que enfrentarán haciendo gala de su santa misericordia de buenos limosneros –para aliviar su conciencia- y así alcanzar el camino hacia la Gloria.
México en la mira
Por: Gabriel Castillo-Herrera
http://www.telesurtv.net/secciones/opinion/91483-NN/mexico-en-la-mira/ Resultan curiosas, por decir lo menos, las declaraciones de la encargada de la agencia norteamericana del combate a las drogas (DEA) expresadas en Cancún, Quintana Roo, durante la inauguración de los trabajos de la 28a. Conferencia Internacional contra las Drogas, en el sentido de que en el territorio al norte del Río Bravo los enervantes son distribuidos por personajes de los carteles mexicanos. “Curiosas”, escribí; pero el adjetivo ad hoc resultaría ser “cínicas”.
La señora Michele Leonhart se engaña o pretende engañar incautos -o cómplices- para justificar la escalada injerencista del gobierno de su país en el nuestro con miras, según quien esto escribe, a la afganistación de México (para lo que cuentan con su Pervez Calderón).
De ser como ella sugiere -aunque hay una larga historia que demuestra que gracias a negocios ilícitos, como era el alcohol, el juego y como son las drogas, se levantaron emporios como Las Vegas, manejados por la mafia en contubernio con altos personajes del espectáculo y de la política de ese país: gente “decente” pues.
La primera incógnita: ¿qué hace la agencia bajo la dirección de la Leonhart en México?
La segunda: ¿qué hace el ejército mexicano en las calles, además de asesinar civiles?
Tercera: ¿para qué se comprometió el presidente mexicano -elegido en tribunales- a proteger a los agentes norteamericanos que operan en nuestro país, lo cual -dicho sea de paso- es una medida anticonstitucional?
Se me ocurre responder a las tres preguntas de la siguiente forma:
Primero: la DEA debiera combatir a los narcos allá, donde dice que operan.
Dos: desatar una guerra, apoyándose con su ejército en las calles, afrontando el costo de los “daños colaterales” (muertes de civiles) y más de 30 mil norteamericanos muertos (que, por cierto, es un promedio de las víctimas “normales” de la violencia y el alcohol, no asociada a las drogas “duras”, en ese país).
Tres: que agentes mexicanos operen libremente y protegidos por autoridades estadounidenses para descubrir los nexos existentes entre los narcos y otros sectores como la política y las finanzas.
Ironías aparte, suena absurdo. Pues así de absurdo (el gobierno de Obama se derrumbaría en tres días) es que el gobierno mexicano continúe aceptando la imposición de medidas para combatir a los narcotraficantes (cabe decir, selectivamente) desde el extranjero mientras que desde el extranjero se les facilita a los capos el armamento para guerrear contra el ejército mexicano. Y ahí estaba muy ufano García Luna (el mexicano encargado del combate a la delincuencia organizada) recibiendo elogios de la gringuita.
La historia del conservadurismo en México se repite: quienes nada se sienten ni son si no es con el reconocimiento del personaje o gobierno extranjero; candidatos idóneos para el terapeuta o el psiquiatra; lo malo es que no se trata de asuntos de personalidad de índole particular, sino de que son los que gobiernan a México.
Y acá viene lo más preocupante: la visión -no sólo de la encargada de la DEA, sino de múltiples instancias de poder- neoconservadora en los Estados Unidos, sugiere que el narco en México tiene ligas con el terrorismo (aunque jamás se ha dicho a quién o quienes consideran “terroristas”).
Según la experiencia de los últimos años, “terrorista” para los gringos puede ser cualquiera que se oponga ideológicamente a sus formas de controlar el mundo.
Los talibanes de las barras y las estrellas “talibanizan” a quien no esté de acuerdo con ellos o al país de donde puedan extraer -al costo que sea- lo que es más preciado para esta nación oleófaga: reservas petroleras.
Y México las tiene.
Fuente: http://www.surysur.net/?q=node/16249
EL VERDADERO ROSTRO DE "LOS PACÍFICOS"
El verdadero rostro de “Los Pacíficos”
Por Gabriel Castillo-Herrera.
El titular del día 20 de abril del periódico mexicano “La Jornada” informa sobre una iniciativa de reforma constitucional que facultaría al titular del Ejecutivo –Felipe Calderón, elegido en tribunales- a arrogarse el control del ejército sin tener que consultar al Poder Legislativo. El encabezado del diario se complementa con: “…Lo faculta para enfrentar ‘cualquier quebranto al orden social’, como el narco.”.
Es sabida la propensión de Calderón a “solucionar” los problemas del país mediante la fuerza, ya sea del ejército, del derecho (uno al servicio de los poderosos), de la hueste más agresiva, ultraconservadora y reaccionaria de su partido (el PAN), y del mediático televisivo (los magnates del ramo, Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas, que se han enriquecido merced a la “democracia” inaugurada en el año 2000).
Un poco de remembranza. Durante el proceso electoral para renovar el Poder Ejecutivo del año2006, estos poderes –con excepción del ejército- se aliaron para denostar al candidato más fuerte hasta dos meses antes del de las elecciones: Andrés Manuel López Obrador. Se utilizó la violencia verbal más pedestre (antes se había desaforado a López Obrador para juzgarlo por un asunto ridículo para cerrarle el camino a la candidatura opositora); sin embargo, Feli-pillo y sus tres colaboradores más cercanos –ya desaparecidos, uno físicamente y dos políticamente- dieron en llamarse a sí “la fuerza de los pacíficos”.
Y “los pacíficos” contaron con todo el poder de las televisoras para difundir la idea falaz, inicua e ilegal (puesto que el Instituto Federal Electoral así lo consideró) de que López Obrador significaba “…un peligro para México”. (Reza un adagio popular: “favor con favor se paga”, Calderón, ya en la silla presidencia, liquidó a empresa Compañía de Luz y Fuerza del Centro para entregarle la fibra óptica de tal empresa, que era de carácter paraestatal, a Emilio Azcárraga y su empresa Televisa).
El “pacífico” Calderón ha desatado, hoy, una absurda guerra contra el narco que ya sobrepasa los 40 mil muertos, muchos de los cuales han sido “daños colaterales” (civiles asesinados por el ejército y la policía).
“Pacífico” y muy católico; tanto que estará presente –a título de jefe de Estado, no como particular- en la canonización de Juan Pablo II, a pesar del carácter laico del Estado Mexicano.
Pero volvamos al punto de inicio, al encabezado del diario “La Jornada”. Llamo la atención sobre el texto mencionado: “…Lo faculta para enfrentar ‘cualquier quebranto al orden social’…”. Ante una visión tan distorsionada de lo “pacífico”, como es la calderoniana, “…cualquier quebranto al orden social”, puede ser –literalmente- cualquiera; cualquiera que no esté de acuerdo con el calderonato. El bushiano apotegma: “si no estás conmigo, estás contra mí”. Fascismo de la más pura escuela.
López Obrador ha estado propiciando que se forme un amplio frente popular denominado Movimiento Regeneración Nacional, alejado –al menos en forma- del caduco y corrompido sistema de partidos políticos, con miras a las elecciones del año 2012; es un movimiento que ya cuenta con un buen número de células nacidas a partir de la organización popular. En una algo reciente entrevista periodística, Calderón insistió en que aquél representaba “un peligro para México”. Entonces cabe preguntar: ¿es que cada uno de los participantes en el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) será –por extensión- considerado por el “pacífico” Calderón como “peligro para México”.
Así las cosas, queda un resquicio para la sospecha de que la iniciativa -que pretende que el presidente elegido en tribunales pueda disponer de las fuerzas armadas sin consultar al legislativo- esté lanzando una advertencia, nada subliminal, al lopezobradorismo constituido en MORENA, a sectores de la clase media ilustrada y a pequeños empresarios que ya están fastidiados de tanto yerro e ineficacia del gobierno federal.
Si el proyecto de ley es aprobado, el “pacífico” Calderón mostrará claramente su verdadero rostro: el fascismo.
¿MÉXICO EN LA MIRA?
Por Gabriel Castillo-Herrera. Resultan curiosas, por decir lo menos, las declaraciones de la encargada de la agencia norteamericana del combate a las drogas (DEA) expresadas en Cancún, Q.R., durante la inauguración de los trabajos de la 28 Conferencia Internacional contra las Drogas, en el sentido de que en el territorio al norte del Río Bravo los enervantes son distribuidos por personajes de los carteles mexicanos. “Curiosas”, escribí; pero el adjetivo ad hoc resultaría ser “cínicas”. La señora Michele Leonhart se engaña o pretende engañar incautos –o cómplices- para justificar la escalada injerencista del gobierno de su país en el nuestro con miras, según quien esto escribe, a la afganistación de México (para lo que cuentan con su Pervez Calderón). De ser como ella sugiere –aunque hay una larga historia que demuestra que gracias a negocios ilícitos, como era el alcohol, el juego y como son las drogas, se levantaron emporios como las Vegas, manejados por la Mafia en contubernio con altos personajes del espectáculo y de la política de ese país: gente “decente” pues- la primera incógnita que surgiría sería: ¿qué hace la agencia bajo la dirección de la Leonhart en México? La segunda: ¿qué hace el ejército mexicano en las calles, además de asesinar civiles? Tercera: ¿para qué se comprometió el presidente mexicano -elegido en tribunales- a proteger a los agentes norteamericanos que operan en nuestro país, lo cual –dicho sea de paso- es una medida anticonstitucional? Se me ocurre responder a las tres preguntas de la siguiente forma. Primero: la DEA debiera combatir a los narcos allá, donde dice que operan. Dos: desatar una guerra, apoyándose con su ejército en las calles, afrontando el costo de los “daños colaterales” (muertes de civiles) y más de 30 mil norteamericanos muertos (que, por cierto, es un promedio de las víctimas “normales” de la violencia y el alcohol, no asociada a las drogas “duras”, en ese país). Tres: que agentes mexicanos operen libremente y protegidos por autoridades norteamericanas para descubrir los nexos existentes entre los narcos y otros sectores como la política y las finanzas. Ironías aparte, suena absurdo. Pues así de absurdo (el gobierno de Obama se derrumbaría en tres días) es que el gobierno mexicano continúe aceptando la imposición de medidas para combatir a los narcotraficantes (cabe decir, selectivamente) desde el extranjero mientras que desde el extranjero se les facilita a los capos el armamento para guerrear contra el ejército mexicano. Y ahí estaba muy ufano García Luna (el mexicano encargado del combate a la delincuencia organizada) recibiendo elogios de la gringuita. La historia del conservadurismo en México se repite: quienes nada se sienten ni son si no es con el reconocimiento del personaje o gobierno extranjero; candidatos idóneos para el terapeuta o el psiquiatra; lo malo es que no se trata de asuntos de personalidad de índole particular, sino de que son los que gobiernan a México. Y acá viene lo más preocupante: la visión -no sólo de la encargada de la DEA, sino de múltiples instancias de poder- neoconservadora en los Estados Unidos, está sugiriendo que el narco en México tiene ligas con el terrorismo (aunque jamás se ha dicho a quién o quienes consideran “terroristas”). Según la experiencia de los últimos años, “terrorista” para los gringos puede ser cualquiera que se oponga ideológicamente a sus formas de controlar el mundo. Los talibanes de las barras y las estrellas “talibanizan” a quien no esté de acuerdo con ellos o al país de donde puedan extraer –al costo que sea- lo que es más preciado para esta nación oleófaga: reservas petroleras. Y México las tiene.
El Despido de Carmen Aristegui, ¿Atentado a la Democracia?
Por: Gabriel Castillo-Herrera.
El caso del despido de MVS de la prestigiada periodista Carmen Aristegui ha sido una muestra más de la estrechez de pensamiento, de la torpeza, del grupo en el poder. Tanto es así que después de consumado el hecho la presidencia de la República (“presidencia” con minúscula) se dio a la tarea de emitir un comunicado en el que –convertidos en especialistas médicos- dan fe de la “salud” del señor Calderón (¡Salud!), cuando pudieron hacerlo en lo inmediato sin que pasara a mayores el asunto. Bien visto, Carmen les había facilitado el camino para que la presidencia se vistiera de gala y presumiera, falsamente, de ser un gobierno promotor del derecho a la información; sin embargo, prefirieron –fieles a su vocación de policías- dar un escarmiento al “atrevimiento” de la periodista de pedir una explicación que, a final de cuentas, tuvieron que dar… a destiempo.
La presidencia se equivocó en escoger el adagio popular que solventara la situación. Creyó que “muerto el perro se acabó la rabia”, y se vio obligado a manejarlo como “después del niño ahogado, a tapar el pozo”. Sí, después quiso corregir informando sobre la laboriosidad de Calderón, que no ha faltado un solo día a su “chamba” y que se encuentra en perfecto estado de salud para desmentir el dicho de una manta que congresistas del Partido del Trabajo extendieron frente a la tribuna en la que insinuaban la propensión al alcohol del presidente elegido en tribunales. Con un poco de inteligencia se hubiera evitado el lío; de haber hecho la declaración del estado de salud como respuesta a Aristegui o, aún antes, después del incidente de la manta desplegada por el PT, la presidencia se hubiera ahorrado el ridículo.
[NB: habría que insistir en el asunto de la salud del presidente. Me surge una pregunta (a fin y al cabo a mí nadie me puede despedir de ninguna parte, soy desempleado): ¿es una muestra de salud mental que Felipe Calderón se monte en una yegua y se rodee de soldaditos, también a caballo, para emular al llamado “Apóstol de la Democracia” (Francisco I. Madero) para conmemorar el episodio histórico conocido como “La Marcha de la Lealtad”? Sólo es una inquietud que la presidencia no contestará].
Del otro lado no se está tan alejado disparates. Varias voces que han tomado la defensa de Aristegui se refieren al incidente como un “atentado a la democracia”. Se me ocurre preguntar: ¿cuál democracia?, ¿acaso aún perdura la vana ilusión, inaugurada en el año 2000, de que México es un país democrático? ¡Que Dios los guarde inocentes! (Bueno, si es que existe Dios; y, si así fuera, si se ocupara de esos asuntos).
Se prepara, para los próximos días, una marcha para protestar por el incidente del despido de la periodista.
Está bien; pero… ¿alguien está planteando hacer una marcha y manifestación frente a la embajada de los Estados Unidos para protestar por las nada, pero nada, veladas amenazas de funcionarios de primer nivel de ese país de intervenir militarmente en México ante la violencia provocada por la guerrita de Calderón en contra del narcotráfico? Lo único velado es que la CIA, la DEA y asesores militares –con la venia del gobierno calderoniano- ya están operando aquí actuando en un doble papel: instigadores y falsos combatientes.
“Pareciera” ser que este es el tópico más destacado en lo reciente, porque va en juego la propia viabilidad de país.
“Y, sin embargo –NO- se mueve”.